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Tierra Lara
Información publicada el viernes, 06 de septiembre de 2002. Administrador
La Sierra de Lara o Peñalara conforma un vasto macizo calcáreo que se alza majestuoso en el centro de esta comarca burgalesa. Sus rampas más suaves se inician a la altura de Paules de Lara, para ir ascendiendo hasta alcanzar los 1.296 m.s.m. en sus crestas, frente a las localidades de Quintanilla de las Viñas y Vega de Lara. Desde aquí inicia un descenso paulatino hasta llegar a las proximidades de Lara de los Infantes. Así, la comarca queda parcialmente seccionada en dos amplios valles; con la común referencia de Peñalara; al abrigo del Alto Casarejo y la Sierra del Mencilla al norte, y la sierra de Las Mamblas y el Valle de Arlanza al sur. Su situación geográfica, a caballo entre la influencia atlántica que proporcionan las altas cotas de la Sierra del Mencilla y la Sierra de la Demanda, y las termófilas sierras mediterráneas del Valle y Sabinares del Arlanza, le ofrecen un marcado carácter de transición biogeográfica, que se ve reflejado en la influencia y en la distribución de especies características de ambos mundos bioclimáticos. Una muestra ilustrativa la ofrecen las especies vegetales dominantes. Por un lado, el rebollo (Quercus pyrenaica), aparece al norte de Peñalara, en el fondo del valle y piedemonte, buscando el gradiante húmedo favorecido por las estribaciones de la Sierra del Mencilla, mientras que el quejigo (Quercus faginea) y la sabina albar (Juniperus thurifera) se abigarran a los suelos calizos y solanas que se abren hacia Las Mamblas. De esta manera se separan y algunas veces se entremezclan las distintas especies botánicas, encontrándonos con pequeñas franjas de terreno con presencia dispar de encinas, quejigos, enebros, rebollos, brezales, caméfitos y pastizales, configurando un mosaico de especies de muy distinta vocación.
El macizo de Peña Lara y sus alrededores ha registrado desde tiempos prehistoricos, y de forma constante, una importante presencia humana, que ha dejado huella en forma de varios monumentos megalíticos, asentamientos de la edad del bronce, castros de la edad del hierro, restos romanos, visigodos y medievales.
Esta presencia constante (desde hace al menos 8.000 años) es debida a las óptimas condiciones que la comarca ha ofrecido a los hombres para el desarrollo de su vida cotidiana. Así pues, podemos encontrar desde cuevas y abrigos rocosos que utilizaba el ser humano en la edad del bronce, hasta los restos del castillo medieval de Fernán González en el Picón de Lara. La cercana presencia del río Arlanza, junto al que ha transitado desde tiempos prehistóricos una importante vía de comunicación, convierte Peña Lara en un enclave estratégico de vital importancia, especialmente en las épocas celtibérica, romana y en la edad media.
Se puede ascender desde Lara de los Infantes o desde Cubillejo de Lara (esta es la ruta más sencilla)
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